Ataque frontal a la secesión

Durante una hora justa, el fiscal Javier Zaragoza pronuncia su alegato —duro, contundente, lleno de frases redondas destinadas a ocupar enseguida todos los titulares— con la mirada fija en los siete magistrados del tribunal, que son a fin de cuentas a los que tiene que convencer de que fue rebelión y no sedición, dejarles claro que los acusados se confabularon para ejecutar un golpe de Estado destinado a derogar la Constitución española, que hubo violencia y que esa violencia constituyó un ingrediente necesario. Pero a las 10.40, antes de pronunciar la frase final de su intervención, el fiscal Zaragoza cambia de postura y se dirige, mirándolos por encima de sus gafas de cerca, a los acusados:

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