Seis italianos encerrados por partida doble

Era un grupo de diez amigos italianos. Compartieron esta semana vuelo, transporte hasta el hotel en un minibus, cenas, risas, horas en las tumbonas de la piscina y, claro, algún cóctel que alegró la noche. Frente a ellos, el mar, el cielo abierto y la luz blanca y cegadora de la costa. Uno de ellos, un médico de Emilia Romaña, una región del norte de Italia, hizo menos vida social y pasó horas encerrado a su habitación. No se sentía bien. Su pareja le acompañó en algunos momentos de ese proceso febril. El lunes, dos días después de llegar al resort, cogió un taxi y se fue hasta un hospital local. Allí, por su experiencia profesional, por el lugar del que venía, le describió a un colega cómo se sentía y, antes de acabar la explicación, se autodiagnosticó: “Creo que tengo coronavirus”. Estaba en lo cierto.

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