Los lobos que sabían jugar con los humanos

Piense en una escena tan sencilla como la de lanzar una pelota y que un perro la traiga de vuelta. Aunque parece simple, es una acción de una gran complejidad que muestra de golpe toda la complicidad evolutiva que une a personas y perros. El animal entiende la intención del humano, interpreta sus gestos e indicaciones, asume la finalidad lúdica del comportamiento: están jugando juntos. Esa capacidad de leer las acciones de las personas está grabada en los perros; no en vano, los perros fueron el primer animal domesticado por la humanidad. Tras hacerlo, ambas especies cosieron sus destinos en una relación que las ha moldeado mutuamente durante los últimos 15.000 años por lo menos. Pero los lobos, la especie de la que vienen los perros, no saben interpretar las acciones de los humanos; esa capacidad apareció en los perros después de haberlos domesticado, porque la necesitan para relacionarse con las personas.

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