La ‘peligrosa’ decisión de vender peras de Lleida

El desconocido se metió en el almacén trasero y al fondo vio a la frutera lavándose las manos en la pileta del baño. “Vente para afuera”, le exigió el intruso, y ella, extrañada, salió. “No te voy a comprar nada porque vendes fruta de Lleida”, le reprochó señalando una caja de peras Champion, “retira esa mercancía“. “¿Para eso me molestas cuando estoy en el aseo, para hablarme de Cataluña?”, le preguntó incómoda la mujer. El cliente, “de unos 70 años, alto, de pelo blanco, bien conservado, bien vestido, modernito”, recuerda la frutera Sandra Castro, estaba enfurecido y empezó a hacerle “cortes de manga delante mismo de la cara”. Ella sacó el móvil para retratar al energúmeno, y él enloqueció todavía más. Le pegó un par de puñetazos que le hicieron sangre y le arrancó el aparato de las manos. Para entonces ya habían salido afuera y avanzado varios portales por la céntrica calle coruñesa Marqués de Pontejos.

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