Cataluña llega exhausta a una sentencia histórica

El pasado 27 de septiembre cuatro conocidos activistas del independentismo irrumpieron en el balcón del Palau de la Generalitat, lugar fetiche del autogobierno catalán, y colgaron una pancarta a favor de la “libertad de expresión”. El Govern que preside Quim Torra reconoció después, con toda naturalidad, que había “autorizado” esa irrupción y hasta agradeció la labor a los activistas, que protestaban contra la orden judicial de retirada de símbolos partidistas de las instituciones catalanas. La utilización del balcón de la Generalitat para causas de partido es solo la punta del iceberg de las tensiones a las que el independentismo ha sometido a las instituciones del autogobierno durante el proceso secesionista que comenzó en 2012. El resultado ha sido la degradación de las mismas e incluso su descrédito entre buena parte de los catalanes. Así lo ratifican incluso las encuestas oficiales.

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