El fin del celibato, la revolución católica que se inicia en la Amazonia

Ninguno de ellos tiene aspecto de revolucionario, pero sí vocación. Son parejas felizmente casadas a las que sus hijos han hecho abuelos. Una maestra jubilada indígena piratapuia, María Ana Albuquerque, que durante años viajó en lancha a aisladas aldeas de la Amazonia brasileña para dar catequesis y llevar la comunión a feligreses que solo ven al cura de año en año o, en el mejor de los casos, cada varios meses. Fieles entregados como Denis Goma da Silva, 41 años, indígena tucano, padre de familia, que se gana la vida como guarda de seguridad y hace una década asume infinidad de tareas eclesiásticas e incluso, cuando no hay sacerdote, oficiar lo más cercano a una misa que las normas le permiten. O Socorro Oliveira, de 54 años, casada con un diácono permanente, lo más similar a un cura católico. La principal diferencia es que él no puede dar la eucaristía, la extremaunción ni confesar. Todos gozan de la confianza de sus obispos y de sus comunidades pero reclaman al Vaticano que vaya más allá.

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