El silencio de las últimas vaquitas marinas

El 4 de noviembre de 2017, Lorenzo Rojas-Bracho vio morir una vaquita marina delante de sus ojos. “Nunca he llorado tanto en la vida”, recuerda el biólogo mexicano. El animal —una hembra adulta parecida a un delfín pequeño— fue capturado por Rojas-Bracho y sus compañeros, en un esfuerzo internacional desesperado por salvar a la especie, de la que entonces solo quedaban unos 30 individuos. La idea era reubicar a algunas de estas marsopas a un santuario temporal en su propio hábitat, el Alto Golfo de California, para evitar su muerte accidental en las redes de pesca. Aquella hembra no sobrevivió al estrés de la captura y los biólogos decidieron abandonar el plan.

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