“Esta máquina es mi riñón, no puede viajar en la bodega”

“Todos los años iba a un país diferente, conozco casi toda Europa. Hasta aquel vuelo con Iberia a Roma, en 2017: pasé tanta angustia que ya no he vuelto a arriesgarme”. Ramón Rodríguez, ourensano de 73 años, es, como le dijeron los médicos, un “mal receptor” sin opción a un trasplante renal. “Soy dependiente de una máquina de por vida. Es una parte de mi cuerpo”, explica.

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