Sánchez e Iglesias ni siquiera se miran

A las 8.15, una madre y su hijo pequeño entran en un vagón de la línea 2 del Metro. Un joven de unos 16 años, pantalón corto y mochila en bandolera, se levanta enseguida de su asiento y lo cede para que lo ocupe el niño. La madre, de rasgos norteafricanos, se lo agradece con una sonrisa. De camino a la estación de Sevilla, la más cercana al Congreso de los Diputados, los pasajeros del vagón asisten a la preocupación del niño porque ya es su tercer día de colegio y aún no tiene los libros.

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